Pamplona - Ago 2026

¿Cuándo empezar a preparar el suelo pélvico para el parto?

Cuando pensamos en preparar el suelo pélvico para el parto, es fácil imaginar las últimas semanas del embarazo: el masaje perineal, las respiraciones, las posturas, la cuenta atrás.

Pero el cuerpo lleva preparándose mucho más tiempo.

Desde prácticamente el inicio del embarazo cambia nuestra postura, la manera en la que gestionamos las presiones abdominales, la movilidad de la pelvis y, por supuesto, las exigencias que recibe el suelo pélvico. Por eso, prepararlo para el parto no es algo que empiece en la semana 34. Es un trabajo que puede acompañarnos durante todo el embarazo y que va cambiando a medida que este avanza.

Preparar no siempre significa fortalecer

Esta es quizá una de las ideas más importantes.

Un suelo pélvico fuerte no es necesariamente un suelo pélvico preparado para dar a luz. Para funcionar correctamente necesita ser capaz de contraerse, pero también de relajarse y adaptarse.

Durante el embarazo buscamos que la musculatura abdominopélvica responda adecuadamente a los cambios que está experimentando el cuerpo. Y, cuando llegue el momento del nacimiento, necesitaremos además que el periné tenga capacidad para ceder y acompañar el paso del bebé.

Por eso no existe un único ejercicio ni una misma pauta válida para todas las embarazadas.

Primer trimestre: empezar a conocer tu cuerpo

No hace falta esperar a que la barriga sea evidente para empezar a cuidar el suelo pélvico.

Las primeras semanas pueden ser un buen momento para aprender algo que nos servirá durante todo el embarazo: entender cómo funciona nuestro cuerpo.

Aprender a activar correctamente el suelo pélvico, coordinarlo con la respiración y con la musculatura abdominal profunda o trabajar la movilidad de pelvis y caderas nos proporciona una base sobre la que seguir trabajando durante los meses siguientes.

También podemos empezar a observar cómo respondemos ante determinados esfuerzos: al toser, levantar peso, entrenar o realizar actividades cotidianas.

Porque pequeñas señales como las pérdidas de orina, la sensación de presión o pesadez en la zona pélvica o determinados dolores no deberían asumirse simplemente como “cosas del embarazo”.

A partir de la semana 20-24: el cuerpo empieza a pedir adaptaciones

A medida que el bebé crece, aumenta la carga que soporta el suelo pélvico y cambia el centro de gravedad.

La forma de caminar puede modificarse, la pelvis tiene que adaptarse y pueden aparecer molestias lumbares, pélvicas o sensación de mayor presión en el periné.

En esta etapa, el ejercicio continúa siendo un gran aliado, pero debe evolucionar con el embarazo.

Podemos trabajar fuerza, movilidad y control de la musculatura profunda mientras aprendemos a gestionar mejor las presiones que recibe el abdomen y el suelo pélvico.

También empieza a cobrar especial importancia algo que muchas veces olvidamos: la capacidad de relajación.

No buscamos una musculatura permanentemente contraída. Buscamos una musculatura funcional, capaz de responder cuando la necesitamos y de soltar tensión cuando deja de ser necesaria.

Semana 32-34: ahora sí, empezamos a pensar específicamente en el parto

En las últimas semanas el trabajo puede orientarse de manera más concreta hacia el nacimiento.

Siempre que no exista ninguna contraindicación, puede ser el momento de introducir el masaje perineal, cuyo objetivo es mejorar la elasticidad y familiarizarnos con las sensaciones de presión y estiramiento que aparecerán durante el parto.

Pero la preparación va mucho más allá.

Trabajamos respiraciones, movilidad de pelvis, posiciones que pueden favorecer el descenso del bebé y diferentes recursos que la mujer podrá utilizar durante la dilatación y el expulsivo.

Y hay otra parte menos visible, pero igualmente importante: entender qué va a ocurrir.

Conocer nuestro cuerpo, practicar posiciones y saber cómo acompañar cada fase puede ayudarnos a llegar al parto con más recursos y, muchas veces, con menos miedo.

Entonces, ¿todas las embarazadas deberían hacer Kegels?

No.

Y precisamente por eso es importante valorar cada caso.

Durante años se ha asociado el cuidado del suelo pélvico casi exclusivamente con “hacer Kegels”. Sin embargo, una mujer puede presentar debilidad muscular y necesitar mejorar su fuerza, mientras que otra puede tener un exceso de tensión y necesitar aprender justamente lo contrario: relajar y flexibilizar esa musculatura.

Hacer ejercicios de contracción sin saber cómo está nuestro suelo pélvico no siempre es la mejor estrategia.

¿Qué aporta una valoración de suelo pélvico durante el embarazo?

La fisioterapia de suelo pélvico permite conocer cómo se encuentra la musculatura en ese momento y plantear un trabajo individualizado.

Podemos valorar, entre otros aspectos, la fuerza y el tono muscular, la capacidad de relajación, la coordinación con la respiración y el abdomen, la movilidad de la pelvis o la existencia de síntomas como dolor, pérdidas de orina o sensación de peso.

A partir de ahí podemos decidir qué necesita realmente esa mujer y adaptar el trabajo a su embarazo y a su momento.

Porque dos embarazadas en la misma semana pueden necesitar cosas completamente diferentes.

Prepararse no significa intentar controlar el parto

El parto tiene una parte imprevisible y ningún ejercicio puede garantizar cómo va a desarrollarse.

Preparar el suelo pélvico tampoco significa buscar un parto “perfecto”.

Significa llegar con un cuerpo que conocemos mejor, con una musculatura trabajada y flexible, con herramientas que podemos utilizar durante el proceso y sabiendo qué podemos hacer para acompañarlo.

Y eso también importa después.

El embarazo y el parto suponen una exigencia importante para el complejo abdominopélvico. Haber trabajado durante estos meses puede ayudarnos a llegar en mejores condiciones al nacimiento y favorecer posteriormente una recuperación más adecuada.

En Clínica Pelvia te acompañamos durante todo el embarazo

No tienes que esperar a las últimas semanas para empezar.

En Clínica Pelvia podemos valorar tu suelo pélvico durante el embarazo y diseñar un plan adaptado a ti, al trimestre en el que te encuentres, a tu actividad física y a las necesidades reales de tu cuerpo.

Porque preparar el parto no empieza necesariamente en la semana 34.

A veces empieza mucho antes: aprendiendo a conocer, escuchar y trabajar con tu cuerpo.

Suscríbete a nuestra lista de correo y estarás al tanto de todo


Ver emails anteriores

Clinica Pelvia Pamplona Whatsapp